8.10.11

Nada muere, todo se transforma

A cada paso, la Naturaleza nos muestra esta realidad. Todo está en continuo movimiento, en constante cambio, donde la transformación forma parte de una de las leyes del Universo. La muerte y el nacimiento son solo aspectos de un proceso único que es La Vida.

Nada muere, todo se transforma. Lo nuevo deja atrás lo viejo, en un cambio imperceptible de movimiento continuo. Lo vemos a diario en todo nuestro alrededor, lo experimentamos en nuestro cuerpo, lo vivimos en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en el mundo en general.

A pesar de esto, solemos tener una actitud cerrada. Nos aferramos a lo viejo, nos cuesta asimilar los cambios y pretendemos que todo permanezca inalterable, dentro de los parámetros conocidos. Esta resistencia y desconfianza se manifiesta con inseguridad y miedo por el futuro. Le tememos a la muerte, como sinónimo de desaparición, de fin.

Por falta de respuestas, muchos prefieren aferrarse a la idea de que la conciencia es un producto del cerebro y cuando éste muere biológicamente, también desaparece la conciencia personal, la esencia. Sin embargo la Naturaleza nos muestra que nada deja de existir, solo cambia de forma. Así la noche no muere porque se haga de día, y el agua sigue siendo agua por más que de hielo pase a líquido o a vapor.

Gracias a esta constante transformación la Vida siempre nos regala una oportunidad nueva, renovadora, que purifica, que permite sanar, mejorar, aprender y elegir. Tenemos la posibilidad de crear, de deshacernos de lo que no sirve de nuestro pasado y construir un mejor presente, como la base fortalecida para un futuro más pleno.