2.3.09

Eternos adolescentes


Cada vez es más frecuente que jóvenes que promedian los 30 años prefieren seguir viviendo con sus padres. Es un fenómeno que ocurre tanto en países del primer mundo, como en los que están en vías de desarrollo, y se da mayormente entre la clase media.

Para los que viven en países menos afortunados económicamente, este factor, el económico, resulta la mejor excusa para no dejar el nido paterno. Los altos precios de los alquileres, la falta de oportunidad para acceder al crédito, salarios insuficientes y la intención de tener un título universitario, hace que elijan la seguridad y el respaldo del hogar que los vio nacer.

Pero lo cierto es que precisamente en estos países, nunca fue fácil independizarse. Los sueldos nunca fueron de los mejores, las posibilidades habitacionales siempre fueron un problema, y desde que tengo memoria, los créditos siempre fueron para gente que no necesita créditos. Sin embargo, la decisión de hacerse cargo de uno mismo, de enfrentar la responsabilidad, y el deseo de estudiar y recibirse, siempre estuvo y lo hemos hecho.

Por otra parte, sea en el país que sea, esta franja de jóvenes que viven con sus padres, tienen la característica de deambular de empleo en empleo y de universidad en universidad, le escapan al compromiso de tener una pareja estable y privilegian los valores de la inmediatez y el placer. Ven el modelo de sus padres, como el ejemplo que no quieren seguir, postergando indefinidamente las obligaciones que hasta ahora correspondían a esa edad, evidenciando en definitiva, una falta de madurez. Se niegan a crecer.

Pero ¿por qué ocurre esto? Los padres de estos jóvenes han vivido durante muchos años quejándose de lo reprimidos que estuvieron por la generación de sus padres, y que en muchos casos, han tenido que hacerse adultos antes de estar verdaderamente preparados. Han educado a sus hijos, ahora eternos adolescentes, en un marco de libertad, con escasos límites, descuidando transmitir que no todo es posible.

Así es como, en el presente, ven limitada su "libertad", como adultos mayores, y en un momento donde se supone que pueden empezar a gozar de su propio espacio, habiendo cumplido la tarea de armar, formar y desarrollar una familia, de haber alcanzado medianamente o suficientemente sus aspiraciones personales y profesionales, siguen sosteniendo, a veces incluso económicamente, a mujeres y hombres, sus hijos, que no terminan de desplegar sus propias alas.



(escrito por mi, para Canalwoman, bajo el seudónimo de marInes)