3.3.08

Regreso a casa


Estuve unos días en la costa. En Pinamar.
Hacía años que no visitaba la playa y se despertaron recuerdos, sobretodo de la adolescencia.
Los rituales turísticos siguen siendo los mismos. Por allí, la pareja estrena la experiencia de mojar los pies de su bebe en el agua, por allá un papá juega paleta con su hijo, quien lo hace correr tras la pelota mas de lo que él desearía. Las chicas deslizan protector solar o bronceador por sus cuerpos cubiertos de miradas masculinas, las parejas mayores toman mate, los grupos de jóvenes también, entre risas estruendosas.
Los chicos se corren unos a otros levantando arena sobre el sandwich de un pelado, las amigas comentan los chismes de una revista, el sonido del mar se mezcla con la radio que canta el hit del momento.
Final de temporada. La lluvia entorpece el deseo de exprimir el último minuto de las vacaciones.
Volvemos a armar las valijas, que nunca logra cerrar como cuando emprendimos el viaje.
Poco mas de 400 km. de ruta tupida de autos, nubes y chaparrones. De regreso en casa, la rutina regresa, con ánimo renovado.
Estuvo bueno el mar, pero sigo prefiriendo la montaña.