4.2.08

Como es arriba... es abajo....

Abrió los ojos y estaba tirado de boca en el piso. Prestó atención pero no se oía nada. Silencio. Silencio absoluto.
Miró a su alrededor apenas levantando la cabeza. El piso era blanco. Blanco nieve, ni frío ni caliente.
Un momento antes estaba parapetado en la puerta de una casa. Las bombas caían. La gente corría, los edificios caían.
Su arma pegada al cuerpo y él a la pared.
Sus compañeros desaparecieron al doblar la esquina. Debía cruzar la calle en aquella dirección, pero se aproximaba el enemigo. Estaba completamente expuesto, no había donde esconderse. Las balas de su fal no serían suficientes. Y sus agallas tampoco.
Patió la puerta y entró. No había muebles. Solo un inmenso espejo que reflejaba su miedo mezclado con rabia.
Por qué estaba ahí? Maldijo la hora en la que se alistó en el ejército. Qué estaba defendiendo? No había honor ni gloria en lo que había visto desde que llegó a esa tierra. Solo hambre, dolor, desesperación y locura.
De pronto el aire mezclado con polvo y escombros se enfureció y lo estrelló contra el espejo.
Silencio. Silencio absoluto. Volvió a mirar el piso. Blanco nieve, ni frio ni caliente. Se miró las manos, se tocó la cara. No había sangre. Se incorporó lentamente y se examinó. Le dolía el cuerpo pero no más que cualquier otro día.
No tenía su arma ! Giró trescientos sesenta grados sobre sí mismo y estaba solo.
Solo. Y no había nada que ver. Solo una inmensidad blanca.
Crepitó su corazón y el sudor recorrió sus manos...
Estoy muerto!
El sobresalto no fue por su expresión. Alguien tocaba su hombro y un zumbido imvadió su cráneo. Su cerebro captó fuerte, clara y serena esa voz...
...NO ESTAS MUERTO...