24.9.07

Bienaventuranzas de la persona anciana

Bienaventurados aquellos que comprenden mi paso vacilante y mi temblorosa mano.
Bienaventurados quienes tienen en cuenta el esfuerzo de mis oídos para captar lo que ellos hablan.
Bienaventurados los que descubren que mis ojos están ya muy nublados y que mis reacciones son lentas.
Bienaventurados cuantos desvíen su mirada con disimulo al ver que he derramado la taza de café sobre la mesa.
Bienaventurados los que, sonriendo, me conceden un rato para charlar cosas sin importancia.
Bienaventurados aquellos que nunca dicen: ya ha contado usted eso dos veces.
Bienaventurados los que saben arreglarse para traer a la conversación cosas pasadas.
Bienaventurados cuantos me hacen comprender que soy amado y que no estoy abandonado ni solo.
Bienaventurados todos los que comprendel lo que me cuesta encontrar fuerzas para llevar mi cruz.
Bienaventurados los que me facilitan el paso final hacia la Patria con amabilidad y buenas formas.